nativos digitales

Cuando a una campaña digital se la lleva el viento

A una semana de "Yo También," una mujer es violada en la vivienda que fue a censar. 

Escrito por: Anais Lalombriz
Visuales de: Anais Lalombriz

Violar a mujeres está mal. Suena obvio. No lo es para todos. En el caso de la violencia de género no debería haber nada que entender, nada que convencer, nada que argumentar. Pero aparentemente, la hay. ¿O me equivoco? ¿De donde surge el comportamiento del agresor del censo de ayer? ¿Qué contextos lo llevaron hasta ahí? ¿Qué impacto tiene el medio digital en su realidad inmediata? ¿Ha escuchado de #NiUnaMenos? ¿Se caga? ¿Le importa? ¿En qué burbuja vive él? ¿En qué burbuja vivimos nosotros? y ¿Por qué se siente cada vez más como si le habláramos al viento?

A veces, cuando te levantas por la mañana y te das cuenta que Trump es presidente, que se aprobó el Brexit, que Cataluña se quiere independizar y que violan a mujeres en censos, el mundo se siente como si hubieran dos grandes equipos. De un lado, tienes a los conservadores que no quieren hablar de nada porque hace tiempo que piensan en lo que piensan y los futuristas, sostenibles, muchas veces veganos y conscientes, que quieren hablar de todo con todo. La pregunta entonces vendría a ser: “¿a quiénes le hablan?” y la respuesta cada vez se siente más como “a los que ya conocen.” Les hablan a los que ya están de acuerdo con ellos, a sus amigos y profesores de la universidad. El diálogo, cómo en el mundo de la literatura, es más endotérmico (para adentro) que exotérmico (para afuera) y por ende, muy poco reformista. ¿Es esto productivo? ¿Cómo podemos lograr que nuestros argumentos lleguen a la gente que, por ahora, no solo piensa diferente sino, como en casos cómo el de ayer, se comporta como el absoluto contrario?

En mi generación, particularmente, este comportamiento “burbuja” parece ser una lúcida réplica de como Facebook nos ha enseñado a comportarnos. Hace ya un tiempo, me enteré que las redes sociales funcionan a través de un algoritmo. Agrupan a la gente de pensamiento homogéneo en clusters de usuarios que consumen el mismo tipo de información, los mismos estilos de vida y por ende, los mismos productos. Tanto en la vida real como en el digital, nos regimos por like-minded communities que se hablan entre si. ¿Qué sucede con esto? Los argumentos de cada uno de estos ecosistemas se endurecen a perpetuidad pero a pequeña escala. Nunca te cruzas con alguien que piense diferente a ti, crees que todos pateamos para el mismo arco. Y después Trump sale presidente y Keiko tiene la mayoría del congreso y seguro te cuestionas where the fuck is the love. Yo tampoco se.

El hecho de que hayan violando a una mujer en el censo de ayer en la actual coyuntura digital es prueba suficiente de que como generación nos hemos acostumbrado a argumentar nuestras ideas con gente que ya cree en lo que nosotros creemos. Entrenados por los debates entre amigos muchas veces borrachosos, solo nos atrevemos a tocarle la puerta a casas ya conocidas. Es momento de considerar estrategias paralelas, otros canales de distribución de la misma información. Reformar, educarse y no tener vergüenza a saber poquito de un tema. Dejar de hablar del tema con el que ya sabes que está de acuerdo y proponerlo en el almuerzo del domingo. Sal a la calle, organízate. Coméntalo con el taxista. El que te vende café. A ver que te dice el abuelo, que opina tu papá. El “orgullo digital” que siente nuestra generación es muy poco palpable en la vida real. Dos párrafos de confesiones en tu muro. ¿Y qué cosa te atreves a decir en la cara? No mucho. 

¿Será muy paternalista decir que hay un buen número de personas a las que le hace falta “despertar”? ¿Será momento de tomarnos un café con el “enemigo”?  Al final de cuentas, ya no se trata de responderme a mi misma si es que “Yo También”. Yo soy una gota en un océano gigante, antiguo e inerte. Es más, en esta sociedad, con sus costumbres ancestrales y arraigadas que la hacen percibirse más como lava volcánica que como un océano con ganas de cambiar, quien debería triunfar no es la persona sino el mensaje. Logremos algo para que este no quede en los muros y redes y espacios y comunidades y chelas a las 3am de gente que ya sabe que está mal violar a una mujer, que está mal arrastrarla por el piso, que está mal aprovecharse de ella de cualquier manera. Hay que tocarle la puerta a la gente que no sabe. Por lo visto ayer, todavía son muchos.

Organicémonos. 

Anais Lalombriz

Anais es una escritora y diseñadora gráfica peruana basada en la nube. Vive cansada pero feliz y es muy buena en otras cosas.

Anais Lalombriz

Anais es una escritora y diseñadora gráfica peruana basada en la nube. Vive cansada pero feliz y es muy buena en otras cosas.

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