urbanismo

Lima y el Bypass: cuerpo humano, cuerpo urbano

¿Cuando dejaremos las soluciones a corto plazo para atacar el problema de fondo?

Escrito por: Ariana Valcarcel
Visuales de: Valeria Maxera

El humano es tan complejo como la ciudad. Se podría decir que sincronizan en sus múltiples sistemas con distintas funciones. El sistema respiratorio, por ejemplo, equivalen a los grandes parques de la capital. El sistema circulatorio son las arterias del cuerpo representadas por las grandes vías venosas que se materializan en nuestras dichosas calles. El cerebro es el centro financiero. El corazón, situado en el centro histórico, la presencia de las huacas,  desde donde antiguamente se veía toda la ciudad y las personas que la habitan.

Ilustración de Valeria Maxera representando a una mujer
Ilustración de Valeria Maxera

“La Ciudad de los Reyes,” así se hizo llamar Lima. Amurallada casi por 200 años, un aislamiento que significó, o fue el inicio, del caos que sufrió más adelante. Con el tiempo, su cuerpo fue evolucionando. Los músculos empezaron a desarrollarse, sus pechos fueron más voluminosos y, sus extremidades tan largas, que ya no cabían en esta cercada de murallas. Detonó y llegó de La Punta hasta Chorrillos. Era la primera vez que Lima, en su etapa de crecimiento, podía extenderse a lo largo de un árido desierto.

Pero esta etapa no duró mucho. Las hormonas empezaron a revolverse y algo en ella cambió. La adolescencia de Lima no solo vino acompañada de acné, sino con grandes rebeldías e improvisaciones urbanas. A estas las llamaron invasiones, porque venían del interior del Perú a buscar un nuevo futuro, una oportunidad. ¿Invadían? Quizás. Pero te hago la pregunta otra vez Lima, ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar? ¿Te hubieras quedado? ¿O hubieras invadido un terreno árido y húmedo con un sueño detrás?

Uno es lo que come. Con el tiempo, Lima que siempre anda con la panza llena comienza a sufrir de arteroesclerosis. El sistema circulatorio se encuentra obstruido. Las conexiones para llegar de un lugar a otro están atascadas, ocasionando que el tránsito por las arterias de Lima, colapsen. Lima tuvo su primer infarto. Tratando a esta enfermedad, la operaron un 28 de Julio, haciendo un bypass. Una solución a corto plazo que no logró curarla. Y, al tratar de compensar tremendo shock, Lima terminó parchándose y llenándose de cicatrices.

Hoy en día, Lima es una ciudad de casi 9 millones de habitantes, donde la imagen nos pertenece a todos los que aquí vivimos y a la gran pluriculturalidad que habita en la ciudad. ¿Es caótica? Sí. Porque, de alguna u otra manera, todo el mundo está acá. Los cables por encima de nuestra cabeza, el ruido del claxon, las informalidades. Y sin embargo, a los ojos del turista, somos un trópico nublado y nostálgico que bota lluvia que parecen escupitajos. Vestimos de gris, rodeada de nuestros vecinos tropicales. Dios nos dios el mar pero no nos dejó verlo de frente.

¿Seremos la única ciudad que resuelve problemas a corto plazo?  ¿Proponemos encontrar algún día un punto medio? Uno donde los espacios públicos satisfagan las necesidades del medio ambiente y de la salud de sus habitantes pero, donde además, el cerebro de la ciudad se mantenga lo suficientemente activo para permitir que el sistema urbano siga funcionando.

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