cine

Lo que importa es que ganó Moonlight, no que hubo un error antes de decirlo

El presupuesto fue enano. Los involucrados mayormente desconocidos. La historia intensamente íntima. La taquilla modesta. Y ganó el Óscar.

Escrito por: André Bordarampé
Visuales de: André Bordarampé

Si hablamos de los Oscars de ayer podríamos, supongo, hablar de lo cool que fue ver a Mahershala Ali ganar. O de cómo Viola Davis ha convertido sus discursos en un arte. O de cómo Kenneth Lonergan sonrió por primera vez en su vida. Pero, si somos honestos, la 89 entrega de los premios de la Academia la vamos a recordar solo por un momento de confusión genuina y total que nos hizo pensar, “¿Qué mierda está pasando aquí?”

Lo que pasó ayer fue, bajo cualquier métrica, el momento más loco en la historia de los Oscars. Warren Beatty y Faye Dunaway, en un momento destinado a convertirse en la película de Zapruder del siglo XXI, anunciaron que La La Land había ganado Mejor Película. Sólo que en realidad no. Moonlight había ganado Mejor Película, pero no antes de que todo el equipo La La Land estuviese en el escenario celebrando. Es así que el productor Fred Berger, luego de agradecer a sus padres en francés, entregó el primer discurso de victoria en jamás terminar con un, “We lost, by the way.”

Emma Stone soltó un “Oh my god”. Ryan Gosling, siendo Ryan Gosling, se tuvo que reír un poco ante toda la situación. Y Jordan Horowitz, otro de los productores de La La Land, enfrentó un momento imposible con una clase y generosidad increíble, aclarando todo para los que estábamos viendo sin saber cómo reaccionar. “Moonlight, you guys won Best Picture”, dijo, sosteniendo el sobre correcto que declaraba ganadora la película de Barry Jenkins e insistiendo, “This is not a joke”. Nadie entendía nada.

Beatty trató de dar una explicación. El sobre que le entregaron, dijo, decía “Emma Stone, La La Land”, es decir, el resultado del premio a Mejor Actriz entregado inmediatamente antes de Mejor Película. Si ven el momento de nuevo, por eso es que a Beatty se le ve tan confundido, buscando un papel más dentro del sobre, leyéndolo tres veces, mirando tras las bambalinas buscando algún tipo de ayuda, hasta que se lo entrega a Dunaway quien, casi sin ver, pronuncia La La Land. Beatty trata de decirle que el papel dice el nombre de Stone, pero el “What?” de Dunaway es tanto incrédulo como tardío, porque el equipo de La La Land ya estaba en camino al escenario.

Descifrar qué pasó demoró un poco. Beatty evidentemente tenía el sobre equivocado en sus manos. Emma Stone, sin embargo, dijo que ella tenía el sobre con su nombre todo el tiempo. Pero lo que Beatty y Stone y la mayoría de nosotros no sabíamos hasta ese momento es que hay dos juegos idénticos de sobres, cada uno respectivamente resguardado por Brian Cullinan y Martha Ruiz, los contadores de PwC que son los únicos en saber los ganadores antes de tiempo. Cullinan se para a un lado del escenario y Ruiz del otro, cada uno con un juego de sobres. Así que, asumo, Beatty y Dunaway salieron del lado del escenario en el que se encontraba el contador que no le dio a Leonardo DiCaprio el sobre que anunciaba la victoria de Stone y este se equivocó.

Este es el tipo de sorpresa extraña que ha invadido demasiados resultados recientes (las elecciones de Estados Unidos, el Superbowl, las finales de la NBA y MLB), pero nadie se hubiese imaginado esto de los Oscars. No por el error humano que habilitó todo esto, sino porque aún si el sobre de Moonlight hubiese sido entregado de manera correcta, la sorpresa seguiría ahí. Discutir sobre cuál película es mejor es para otro día, y poner a una contra la otra como si sólo hubiese una respuesta correcta es simplemente patético, sobre todo cuando los responsables por ambas se quieren y respetan desde antes y hasta hoy. Lo que importa y sorprende es el simple hecho de que Moonlight haya ganado Mejor Película.

No sólo porque venció a un musical (bastante bueno) que de manera nostálgicamente masturbatoria celebra la magia del cine que a los Oscars tanto les gusta honrar, sino porque, ya pues, miren exactamente qué le ganó a eso. Moonlight la dirigió y escribió una persona negra, adaptando una obra de otra persona negra sobre la vida de un hombre negro y gay, interpretado en la película por tres actores negros cuyos nombres dudo mucho que sepas. El presupuesto es enano, los involucrados (hasta ahora) mayormente desconocidos, la historia intensamente íntima, la taquilla (hasta ahora) decididamente modesta. Y ganó el Oscar. Aún después de estos 12 meses que hicieron de lo inesperado la norma, era difícil ver esto venir.

Pero Moonlight ganó. Plan B, la productora de Brad Pitt, ahora es la potencia de Hollywood (con cinco nominaciones y dos victorias a Mejor Película en esta década). Los genios de A24 ganaron un Oscar (y celebraron con “We Found Love”). Ali se convirtió en el primer ganador musulmán de la historia y en el primero de un número récord de afroamericanos que fueron honrados ayer. Amazon y Netflix y ESPN ahora ganan Oscars. Kevin O’Connell por fin ganó su primera estatuilla (por la mezcla de sonido de Hacksaw Ridge) luego de 21 nominaciones. No estoy diciendo que algo haya cambiado en la configuración de los Oscars o en la de Hollywood (La La Land, después de todo, igual fue la gran ganadora de la noche, con seis premios), pero estoy diciendo que lo de ayer se sintió bastante bien.

¿te gustaría que los bares y los museos tengan bebés?

Ven
a nuestros
eventos