cine

¿Por qué La La Land sí y Moonlight no?

¿Qué pasa cuando una película no habla de lo que queremos escuchar?

Escrito por: Cristina Sánchez
Visuales de: Cristina Sánchez

Cuando La La Land gane Mejor Película este domingo, no solo se va a demostrar que los premios están muertos. Se va a demostrar por qué pudo subir al poder alguien como Donald Trump tan cómodamente, por qué el mundo está desviándose tanto de la defensa de los derechos humanos y a cambio la segregación y el odio están empezando a regir de manera no sólo contundente, sino también legal. Antes de ponerse sensibles y ofenderse y enloquecerse, lean. Esto NO significa que usted sea un miembro del KKK porque le gusta La La Land.

La La Land es una película estupenda. Su mayor valor yace en la regeneración de un género que se pensaba muerto. Desde el 2003 no gana un Oscar a Mejor Película un musical. En La La Land se revive de manera nostálgica el amor al género y se honran clásicos como Un Americano en París o Los Paraguas de Cherburgo. Hasta ahí, bien. Y sí, en momentos difíciles, la gente necesita sentirse bien y tener esperanza, y La La Land hace eso. Además de el factor “feel-good”, la oda a la nostalgia y la más o menos apología al amor, (más bien apología a la ambición por la fama y el reconocimiento), técnicamente esta película es perfecta. La cámara es el principal bailarín y sus coreografías son narrativamente dinámicas al igual que virtuosamente impecables. Y por supuesto, la música, la danza, la cinematografía vibrante y la edición están al mismo nivel de perfección.

Pero aquí va el verdadero problema. Acaso La La Land habría enamorado a tanta gente si sus dos protagonistas, y la narrativa, ¿no fuesen tan caucásicos? ¿Acaso esta película toca temas realmente relevantes y nos presenta a humanos profundos, realistas y con conflictos reales? ¿Si en La La Land los protagonistas fuesen Ruth Negga y Diego Luna, o Donald Glover y Rinko Kikuchi, a la gente le gustaría tanto? En La La Land, lo importante no es la realidad de lo que está sucediendo en una ciudad donde el 50% de sus habitantes son Latinos, muchos ahora temiendo que ellos o sus queridos sean injustamente deportados, y donde su vasta comunidad afro-americana ha sufrido de notorios abusos por las fuerzas policiales, violencia callejera, drogadicción y pobreza extrema.

Los Ángeles es la segunda ciudad con más musulmanes en los Estados Unidos. No. La La Land es la ciudad de los sueños de los pocos, bellos, blancos, cantantes y bailarines que podrían considerar vivir sus sueños y dejar de servir café en los estudios de cine. La La Land es la historia de la gente que no va a ser afectada en lo absoluto con el nuevo gobierno Trumpista. La La Land ignora tan profundamente a los demás miembros de su ciudad, que su único personaje afro-americano es un vendido que traicionó al Jazz y ahora hace música basura por dinero. Es gracias a Seb (Gosling) que el jazz, música de protesta, rebelión y revolución afro-americana, se salva al final de la película. Gracias Seb, no solo por salvar al jazz, sino por permitir que las mujeres lo entiendan y lo conozcan. No sé qué harían el jazz, las mujeres, Thelonious Monk, Charlie Mingus, Miles Davis y Charlie Parker sin Ryan Gosling.

Entonces ¿Por qué la indignación? No es culpa de La La Land. Es una película que cumple su función. Entretiene y hace alusión a los sueños y aspiraciones de la gente que vende, la gente que a los miembros de la Academia les interesa, la gente que cae bien y con la que nos queremos sentir identificados. Mientras tanto, Moonlight, hace alusión a todo lo contrario. Cuenta una historia real, cruda, humana. Cuenta la historia de la gran mayoría de los niños de comunidad negra, clase baja, que se vieron afectados por la guerra a las drogas, por la encarcelación masiva de miembros de su comunidad, quienes crecieron prácticamente huérfanos en un ambiente hostil y peligroso, y quienes intentaron a toda costa de salir adelante y no acabar, también, en la cárcel o muertos.

Moonlight es una historia personal, con un contexto trágico porque es real, y aún más importante, con un final agridulce, preocupante. Jóvenes como Black, el protagonista, hay millones en Estados Unidos. Bajo el nuevo gobierno de Trump, sus futuros y sus vidas quedan inciertas. ¿Qué va a pasar con ellos? La pregunta no es si van a ser ricos y famosos. La pregunta es si van a tener una vida. ¿Van a poder vivir sin acabar en la cárcel? ¿Van a poder vivir sin acabar asesinados injustamente a manos de la violencia callejera o policial? No hay una película más humana, hermosa, relevante e importante en este momento. Pero eso a nadie le importa. Menos mal se revivió el musical.

El problema no es que le encante La La Land. La culpa no es de la película. Hágale, es una buena película. A mi me gustó. Damien Chazelle es un prodigio y La La Land, aunque no su mejor película, es su opus. Pero, ¿qué pasa cuando una película no habla de lo que queremos escuchar? El problema es que nadie se cuestione si La La Land realmente es la mejor película de todos los tiempos, como Cine Colombia se ha encargado de recordarnos compulsivamente los últimos 3 meses–que nadie encuentre malestar en la negligencia racial que tiene. No tiene que abordar temas como la violencia callejera y la drogadicción. ¿Por qué apropiarse de la cultura negra y darle la espalda a sus integrantes? El problema es que a nadie le importa si existen películas como Moonlight, o para no ir más allá, Hidden Figures, Fences, Loving.

El cine debe entretener, debe hacer soñar, pero el cine también debe hacer reflexionar, debe impulsar al cambio, a entender al prójimo, a acercar lo que tenemos lejos y mostrarnoslo desde otra perspectiva. Eso es lo que debe hacer una verdadera Mejor Película. No basta con rechazar a un líder demagogo, xenófobo, racista y sexista para cambiar las cosas. Primero hay que dejar de mirar al otro lado y no conformarse con lo lindo y lo agradable. Hay que afrontar. Hay que entender que aunque es lejano a nuestra realidad, es real. Está sucediendo, y cada vez va a ponerse peor. ¿Y qué mejor sitio para empezar a generar cambio que dándole relevancia a unos premios anticuados y convencionales? Diría que por lo menos nos queda la categoría del Mejor Documental, este año sin duda (Fire at Sea, I Am Not Your Negro, OJ: Made in America y 13th), pero cuando Joshua Oppenheimer perdió dos veces contra 20 feet from Stardom y Amy, todo es posible en los premios Oscar de la ciudad de sueños.

Si llegó hasta acá, le agradezco. Sé que en el mundo de las redes, lo que importa y consigue likes son las selfies, pero hoy amanecí con picor y necesitaba compartir mi opinión sobre lo que más amo en esta vida que es el cine.

Nota del editor:

Más allá de La La Land o no La La Land, la pregunta que tratamos de exponer en este artículo es: ¿Cuál es la relación entre el tipo cultura que consume un público/país y las decisiones que conjuntamente tomamos como ciudadanos? Si es que la producción cultural que solo entretiene y no cuestiona es la premiada y venerada, ¿Por qué nos sorprende que Donald Trump sea presidente? ¿Es culpa de la película? ¿Es culpa de La Academia? ¿Es culpa del propio público que rechaza todo contenido que no le dice lo que uno no quiere escuchar? ¿Por qué somos adictos a sentirnos bien? En otras palabras, no es que todas las películas tienen que activar células cerebrales, pero la plataforma mediática que son los Oscars debería tener eso en cuenta antes de tomar una decisión. En otras palabras, todo bien con La La Land pero, cómo dice Cristina, ¿Por qué La La Land y no Moonlight?

¿tienes pinta de que te gusta ver las cosas de cerca?

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