gestión cultural

Dándole la vuelta al ‘Hay Festival’ realizado en Cartagena

"Hay artistas que se toman muy en serio eso de ser artistas."

En la descripción oficial de la página web del ‘Hay Festival’, dice lo siguiente:

“El Hay Festival reúne escritores y lectores para compartir ideas en eventos realizados en los cinco continentes. Nuestros festivales inspiran, examinan y entretienen. Acompáñenos para imaginar el mundo como es y cómo podría llegar a ser.” En Myopía, tratamos de darle la vuelta a lo común y entregarles un recuento personal y semi disperso de lo que fue el Hay Festival realizado en Cartagena la semana pasada. Aquí va.

Afiche del 'Hay Festival' en Colombia

Yuri Buenventura, con su voz que es pesadumbre que es angustia que es tristeza, pero que es también ternura y luz, con los ojos cerrados, flotando en el escenario, le canta a los campesinos caídos en las bananeras de Urabá. Dan ganas de bailar. El que baila encima de la muerte, la derrota.

Sandro Romero explica que hay artistas que se toman muy en serio eso de ser artistas. Y entonces, una vez montados en el escenario, en el stage, no se bajan más. Y ese personaje que crean se los chupa, los absorbe. Los esclaviza y los libera. Hasta el fin de sus días. Por eso Bob Dylan, incapaz de bajarse de la tarima, en honor a su personaje, poseído por él, le respondió a la Academia Sueca que le era imposible asistir a recibir el Nobel, pues de hacerlo faltaría a la cita con el mecánico de su coche.

Solo vale la pena hacer de la vida una obra de teatro si eres Bob Dylan.

Alfredo Molano, el que recorre este país en mula, el que habla con los que nadie habla, contó que en el sur del Tolima, donde nació la guerra de este país en llamas, le tocó ver un cementerio de las Farc erigido entre las balas, entre las bombas de Napalm (también contó que las bombas de Napalm, es decir, de gasolina sólida que al reventar contra el suelo se hacen fuego y no se apagan hasta incinerar los cuerpos y las vacas y los árboles que alcanzan, se inventaron en Colombia y no en Vietnam). El cementerio se le cuela entre los ojos al Ejército. El Ejército lo deja intacto.

Colombia es un gran culto a la muerte.

Hoyrya Bentouhami y Christine Détrez coinciden en que la imagen violenta que se ha construido sobre la mujer y que la obliga -para excitar al macho cabrío- a cumplir con unos estándares que la esclavizan y convierten en un pedazo de carne fresca, es también la imagen alienada de ese hombre dominado por su imagen dominante, esclavizado por su imagen esclavizante, vulnerado por su imagen de no vulnerabilidad. El hombre y la mujer moderna copulan entre la bulimia, entre la angustia, entre el ansia insaciable de sus idealizados cuerpos. Pobres.

James Rhodes, mirando hacia abajo, ansioso, cuenta que un niño violado, simplemente, es incapaz de verbalizar su trauma. Que forzarlo a escupir palabras envenenadas sobre lo indecible, sobre lo inenarrable, es una tortura.  Luego, tocando la Sonata 31 de Beethoven, cuenta gota a gota su vida. Su violación. Su muerte. Su resurrección.

Music is the deeper art form.

Suzzane O’ Sullivan  regaña al entrevistador cuando este intenta diferenciar las enfermedades  “reales” y las psicosomáticas.  El mundo objetivo no existe. La enfermedad objetiva no existe. O si existen, es solo gracias al cerebro humano. Al (enfermo) frágil cerebro humano que enceguece a quien todavía ve.  La convulsión, la ceguera, la parálisis, esperan por nosotros en la vuelta de la esquina, en un duelo no resuelto, en un trauma no contado, en un miedo no entendido.

Si la novela ha muerto, como dicta el slogan pesimista de los lectores y los escritores desde hace cien años, dice Juan Gabriel Vásquez sereno y desafiante, entonces Mario Vargas Llosa es un Zombie. Padura es un zombie. Ricardo Piglia es (fue) un Zombie.

Ni en tiempos de Trump, de Raúl Castro, de Maduro y de Putin la novela ha de morir. La novela es un bien básico. La novela inventa al ser humano y no al revés. Su desaparición es también la desaparición de su invento. O sea usted y yo.

Tres grandes problemas hay en Cuba desde que tengo memoria, dice Leonardo Padura: el desayuno, el almuerzo y la comida. También dice que en el desespero, en el hambre, en la aflicción, en la guerra,  ha visto lo más lindo de nuestra especie. Y que Cuba es esa tensión, el horror y la belleza, la resignación y la jovialidad, el estómago insatisfecho pero digno.

La verdadera revolución es el arte. La verdadera revolución es el cine. La verdadera revolución es el Hombre que amaba a los perros.

Mucho peor que Trump, dice Moisés Naím, son sus votantes. Sus seguidores. Algo peor que los políticos indeseables que nos gobiernan, es la superioridad moral que nos libra y nos aleja de la sucia arena política.Algo peor que Uribe, que Correa, que Maduro, es la fuerza joven (léase Millenials) que se alza de hombros frente a la política.  Somos agudos para criticar, somos solidarios, nos preocupamos por las minorías y por este planeta agujereado.

Pero también somos flojos, miedosos, mediocres.

James Rhodes dice que todo, todo, todo, desemboca en el amor. Luego se sienta a tocar el piano. Toca Fantasie de Chopin.  No cabe duda. Todo termina en el amor.

¿tienes pinta de que te gusta ver las cosas de cerca?

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