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El camino al mundial es incierto, la ilusión no

Cine, fútbol e identidal nacional

Escrito por: Roberto Espinoza
Visuales de: Arkiv, Depor

Vía Satélite… En Vivo y en Directo (1973) del cineasta peruano Armando Robles Godoy, quizá más conocido por su película La Muralla Verde, debe ser uno de los cortometrajes peruanos más interesantes de revisar luego del más reciente desempeño de nuestra selección de fútbol. 

En este corto, basado en la transmisión radial de los tres encuentros que disputaran Perú y Chile por la clasificación al mundial de Alemania 1974, una voz en off narra un partido de la selección peruana mientras la cámara recorre una ciudad de Lima completamente desierta. A medida que se muestran los distintos monumentos históricos, avenidas principales y distritos de la ciudad, se vuelve evidente que la razón por la que las calles están vacías es solamente una: todos se encuentran escuchando y viendo el partido.

No tengo la certeza de que Robles Godoy haya sido un fanático del deporte, aunque sí puedo intuir que encontró en la afición al fútbol una manera de examinar cómo la sociedad limeña de los setentas venía moldeando su identidad alrededor de nuevos íconos y prácticas culturales. Su dibujo de la sociedad incluía un pueblo que se alejaba de los pretéritos monumentos a viejos héroes nacionales –solitarios y descontextualizados en el cortometraje– y que en su lugar construía nuevos ídolos de carne y hueso, con jugadores como Sotil y Cubillas en el centro de esta transformación.

Para entonces, post México 70, el fútbol ya había demostrado que podía ser un espacio dónde comprender más fácilmente nuestra relación con el resto de la sociedad y la selección nacional un símbolo patrio más apropiado. 

“…se formaron los dos equipos en fila para entonarse los himnos, pero llegó la orden de que no se ejecutaran los himnos. Habían manifestado que no debe mezclarse la enseña patria ni los himnos en los partidos de fútbol, pero el público que hoy ha venido pletórico de patriotismo al Estadio Nacional ha presenciar a su seleccionado, a capela, se paró, como si tuvieran resorte, y entonaron el himno nacional en los cuatro costados de pie. ¡Qué bonito espectáculo! ¡Qué bonito!” (Vía Satélite… En Vivo y en Directo, 1974).

 

Selección nacional de fútbol peruana (1973)
Selección peruana, 1973. Fuente: Arkiv

Hoy valdría la pena preguntarse por la vigencia de aquella mirada que alguna vez ofreció Robles Godoy sobre la gente y el fútbol. Primero, porque permite evaluar la importancia de este deporte en el contexto en el que vivimos, y, segundo, porque pareciera que el periodismo deportivo en Perú, en el paupérrimo estado en el que se encuentra, no pudiera acercarse a esta o ninguna cuestión que escape del sensacionalismo.

¿Por qué, entonces, se vuelve tan importante para el hincha peruano que la selección clasifique al mundial? A diferencia de otros países como Argentina, donde la clasificación es esencialmente una cuestión de honor —han faltado al mundial en una sola ocasión—, Perú deposita en sus próximos dos partidos lo que considero una gran esperanza de transformación. Con esto me refiero no solamente a la esperanza de clasificar o de ser una selección distinta, una en condiciones de ir al mundial, sino también la esperanza de ser un país enteramente distinto.

“El camino hacia el Mundial aún es incierto, pero dentro de ese trayecto hay una certeza: Gareca le ha devuelto la ilusión al hincha como al futbolista peruano. Que con trabajo, esfuerzo y rendimiento, todo es posible. Para el fútbol o para cualquier ámbito de la vida. Vamos que se puede” (Diario Depor, 2017).

 

Que el fútbol trascienda lo que sucede en la cancha se lo podemos atribuir a la manera en la que hemos construido una identidad nacional y colectiva alrededor de este deporte. No solo vemos fútbol, también nos vemos reflejados en él. Del mismo modo, la selección de fútbol no solo representa al Perú, es el Perú mismo. Esa es la lógica que permite que el sueño de una nueva selección se convierta en el sueño de un nuevo peruano, de un nuevo país y de un cambio en la realidad tan atravesada que vivimos. Asimismo, de ahí que los enfrentamientos políticos se trasladen tan fácilmente al campo deportivo (Perú-Chile).

Como en Vía Satélite… En Vivo y en Directo, hemos abandonado “los viejos monumentos”, ante el desprestigio y desgaste de estos símbolos, y los hemos reemplazado por el fútbol. Lo hemos convertido en un mecanismo para transformar nuestra idea del Perú y para soñar. Hemos vuelto de cada nuevo héroe futbolístico un posible héroe para el país.

“Apareció otra vez el ‘orejas’, paren bien las orejas, porque hay un indiscutible en la selección, porque juega, porque es solidario, porque es profesional. El perfil del nuevo jugador peruano” (Daniel Peredo narrando el gol de Edison Flores, 2017).

 

Ahora, a puertas del partido contra Argentina, y con toda la ilusión que se ha depositado en la selección, reflexionar sobre los mecanismos con los que hemos construido una identidad a través del fútbol es recordar de qué creemos estar hechos. Quizá por eso mismo tampoco debemos olvidar lo entreverado que finalmente resulta este proceso. Gracias a él, es posible hacer generalizaciones sobre poblaciones basadas en su desempeño futbolístico. Una situación que interfiere con una correcta interpretación de la realidad tan diversa que atraviesan los países del continente.

En fin, este jueves nos encontraremos nuevamente viendo un partido de fútbol de la selección y, de manera inevitable, nos aferrraremos a la esperanza de que esta vez clasifiquemos al mundial. En mi caso, como peruano viviendo en Argentina, la selección seguirá siendo una manera de relacionarme con lo que entiendo como “Perú” estando lejos de casa. ¿Lo lograremos?

Roberto Espinoza

Músico y redactor peruano. Vive actualmente en Buenos Aires.

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