nostalgia noventera

Sentir nostalgia es extrañarte a ti mismo

Antonio D’Angelo y Gabriel Barreto nos regalan, “Una Lágrima En Mi Balanza”

La primera vez que me di cuenta que extrañaba el Perú, que el Perú era algo ridículamente extrañable, tenía tres años viviendo fuera y había regresado por tres meses a Lima a operarme la rodilla. Una noche de juerga en Máncora, con trópico y Pilsen y amigos entrañables, “Cuando Pienses en Volver”  de Pedro Suárez Vértiz invadió el espacio. Pedro, cantas lindo y a veces, con letras así, me cagas. Me tuve que ir. Me tuve que meter al baño. Tuve que ponerme un poquito a llorar. Estoy segura de que fue el trago, un poquito mucho trago. Pero también fue la nostalgia.

Nostalgia. Este sentimiento puro y últimamente demasiado comercializado llamado nostalgia. Tanto, que a veces olvidamos que con filtro o sin filtro, con cámara vintage o moderna, con ganas de que se vea viejo o no, igual te extrañamos, Perú. Esa noche salí del baño y me sequé las lágrimas para que nadie se diera cuenta. Un pelirrojo soplón estaba afuera esperando entrar. Vio todo. No somos tan amigos. “Cuando mi hermana regresa,” me dijo con cara de compasión, “le pasa lo mismo.” Entendió. No era la única. Nunca supuse que lo era, solamente quería vivir mi tristeza en privado.

Hace un par de meses, en un mensaje de voz especialmente largo, Alejandro Roca Rey vino con la propuesta de que existía este corto extremadamente Myope yaciendo en una carpeta de Dropbox y que no iba a poder ver la verdadera luz a menos de que lo publiquemos. Estoy exagerando, obviamente. El hecho de que alguien sea capaz de describir algo como “Myope” ya era enough of an ego boost como para publicarlo—pero de eso no se trata, amigos. Se trata de la curaduría de la vida, del amor por la cohesión. Entonces lo vimos. Y lloramos.

Sentí que si había una parte que Gabriel y Antonio, los responsables de esta magia, tenían en común con la perspectiva Myope, era justamente el privilegio de ser parte de una generación con acceso a lo global sin olvidar sus raíces—porque eso de “citizen of the world” que cuenta Mark Zuckerberg en su último speech en Harvard es más marketing que verdad. No somos tan globales ni multiculturales ni cosmopolitas, sólo somos gente con ganas de curiosear. Todavía, por lo menos en mi experiencia, no siento que estamos tan dispuestos a dejar de lado el país que nos vio crecer. En cuerpo, podría ser. En mente, lo dudo. Algunos tampoco tenemos los medios.

Lloré un poquito la primera vez que vi Una Lágrima En Mi Balanza porque no creía que fuera capaz de extrañar Lima una vez que ya has regresado, y de nuevo odias su cielo gris y su alcahueterismo supremo. Cuando no te parece chévere cómo se repiten los planes, las parejas, la gente.  Pero sí es posible extrañar—porque amar y extrañar estando fuera, en mi caso, pertenece a una capítulo de mi vida tan marcado y tan idealista y tan universitario que quizás no es que extrañaba al Perú si no que extrañaba quién era yo cuando tenía 17 y 18 años en el Perú—a quienes veía, a quienes conocí, con quienes compartí más de lo que debí y no pude volver a tener.

“I think we are well advised to keep on nodding terms with the people we used to be,” escribe Joan Didion en Slouching Towards Bethlehem, “whether we find them attractive company or not.” A eso también me refiero. “Otherwise they turn up unannounced and surprise us, come hammering on the mind’s door at 4 a.m. of a bad night and demand to know who deserted them, who betrayed them, who is going to make amends.” ¿Dónde está todo lo que dijiste que ibas a lograr saliendo del cole? ¿Y por qué hay cosas de ti mismo que no entiendes? Entonces no vendría a ser el Perú, ni tu barrio, ni tus hermanos lo que extrañas, sino más bien la juventud, la despreocupación, las Pilsen sin resaca.

Una Lágrima En Mi Balanza es una oda a la nostalgia. Es encontrarse con lo más profundo del recuerdo y del olvido desde el punto de vista personal de Gabriel Barreto y Antonio D’Angelo. Ambos son peruanos viviendo en el extranjero -Nueva York y Madrid, respectivamente- y sintieron la necesidad de plasmar su nostalgia en unos cortos 3 minutos de imágenes, palabras y música original. Estos tres elementos en conjunto, tratan de llevar al espectador a tres lugares emocionales, representados por el barrio donde crecieron en Lima, seguido por un Perú profundo y finalmente, un verano entre amigos que–aunque privilegiado–al final en esencia es lo mismo, un verano de la juventud con tus patas de toda la vida. Una Lágrima En Mi Balanza es un conglomerado de emociones con un hilo conductor: el estar lejos de casa.

El corto fue grabado con una Super8 en Abril del 2016 en Perú.

Créditos

Dirección: Gabriel Barreto y Antonio D’Angelo

Cinematografía: Gabriel Barreto

Guión: Antonio D’Angelo

Edición: Guillermo Barreto

Música: Antonio D’Angelo y Matias Schwartzman

Locución: Guillermo Barreto

Traducción: Lola Sanchez-Carrion

Gracias Antonio y Gabriel por querer compartir esta belleza con nosotros. A todos los que nos leen y tienen joyitas escondidas en carpetas de Dropbox, por favor, anímense a ver si existe alguna sinergia con la visión Myope. Asumo que la hay; siempre la hay. Agradezco también a Alejandro, que aún no se da cuenta del inmenso rol que va a tener en el cine en el Perú.

Nos vemos el próximo domingo para compartir más cine que yace en carpetas de Dropbox hecho por Millenials que no le tienen miedo a nada.

Y a cerrar de nuevo con Didion porque se lo merece.

“We forget all too soon the things we thought we could never forget. We forget the loves and the betrayals alike, forget what we whispered and what we screamed, forget who we were. I have already lost touch with a couple of people I used to be; one of them, a seventeen-year-old, presents little threat, although it would be of some interest to me to know again what it feels like to sit on a river levee drinking vodka-and-orange-juice and listening to Les Paul and Mary Ford and their echoes sing “How High the Moon” on the car radio.”

Anais Lalombriz

Anais es una escritora y diseñadora gráfica peruana basada en la nube. Vive cansada pero feliz y es muy buena en otras cosas.

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