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La ‘tusa’ después del Festival Internacional de Cine de Cartagena

¿Les pasa que regresar de viaje les produce el mismo sentimiento que haber terminado con tu enamorado/a?

Escrito por: Felipe Villamil
Visuales de: Felipe Villamil

Antes te comenzar, te queremos contar que la “tusa” es una expresión colombiana para referirse al despecho. Se usa cuando terminas con tu novio/a pero se puede aplicar a cualquier contexto. ¡Aquí un buen ejemplo!

Tome un avión con mi novia de Bogotá a Cartagena el jueves en la noche con ánimos de pasar unos días viendo películas, rumbeando y disfrutando de la acogedora Cartagena de Indias, y por supuesto como escapatoria del frío extremo y la gripa de temporada que por estos días azota la capital. El FICCI, Festival Internacional de Cine de Cartagena, es un evento cultural cinematográfico que tiene lugar una vez al año desde 1959, siendo el más antiguo en latinoamérica. Este año se celebró su edición número 57 con un repertorio de más de 147 peliculas de 36 países.

El viernes por la mañana después de un desayuno de dos arepas de huevo con suero costeño y hogao, salimos a caminar por Cartagena hacia una casa sede del festival en la ciudad amurallada para a recoger nuestras acreditaciones. Las calles estaban inundadas de gente, la mayoría portaba un colgandejo en el cuello color naranja que sujetaba una escarapela, también llevaban al hombro un tote bag con un print de la estatua de la india Catalina con un fondo de vegetación selvática tropical, de esos que últimamente son #trendy en Pinterest. Cualquier turista desinformado podría haber pensado que se trataba de la convención de alguna secta religiosa o algo parecido.

Cuando recibimos las acreditaciones de estudiante nos entregaron  un kit que contenía: un programa de mano con la guía de todas las películas, un horario, un abanico, unas mentas y el tote bag.  Insisto en que el próximo año podrían reemplazar las mentas por un bon-fiest o un alka-seltzer.

Unos amigos que llegaron dos días antes que nosotros se tomaron el trabajo de sentarse durante todo un día en su hostal a escoger las películas que deberían ver.  Leyeron cada una de las 167 sinopsis, hasta tener la selección completa. No es que a mi novia y a mi no nos importaran las películas que íbamos a ver pero, para serles sinceros, preferimos copiar el itinerario de nuestros amigos por completo para poder aprovechar el tiempo viendo películas y disfrutar del sol intermitente entre funciones. Al caer la noche una buena parte de los asistentes al festival llegabamos a Quiebracanto, una famosa discoteca de salsa ubicada a un par de cuadras de la ciudad amurallada en el segundo y tercer piso de un viejo edificio. Cada noche de la semana después de un día en las salas de cine, terminamos en ese sitio que siempre estaba muy lleno de gente, tanto que a veces no se podía ni bailar, o si bailaba lo más probable era que recibiera varios pisotones o le diera un codazo a alguien sin querer. Cuando el lugar ya estaba a punto de reventar y el bouncerno dejaba entrar a nadie más, todos se instalaban afuera y duraban hasta el amanecer parados hablando y haciendo networking o levantándose un amor de verano cinéfilo.  Lástima que esta vez fui emparejado.

La diminuta terraza del lugar donde caben diez personas pero salen veinte a fumar, se convierte en otro ambiente de discusión sobre cine y desde allí se puede ver a todos los que no pudieron entrar pero se quedaron en la calle para aprovechar la música de la discoteca y al mismo tiempo poder hablar y parchar. Muchas caras de las que se ven desde el balcón, son las mismas que corrían afanadas por la mañana con su colgandejo color naranja y su bolsa de print selvático que está trendy en Pinterest que todavía llevaban en la noche incluso en un momento de distensión como es ir a bailar. La gente aún en la fiesta seguía con ese incómodo colgante que daba picazón en el cuello; es un elemento de identificación que  tiene un poderoso letrero invisible que dice:  hola no soy cualquier turista soy un intelectual que pertenece al mundo del cine y quiero que la gente que vino a este evento me hable. Todavía me pregunto si lo usaban al dormir.

A media noche es una muy buena idea ir por un ceviche cartagenero a una caseta frente a Quiebracanto que se supone que está certificada por algún tipo de autoridad que nunca supe  cual era, ni me importó en el momento de comérmelo, pero se supone que en las casetas certificadas alrededor de la ciudad uno puede comerse un ceviche tranquilo sin miedo de amanecer sufriendo una intoxicación y en nuestro caso no poder seguir con el itinerario de 3 o 4 películas diarias que mis amigos habían cuidadosamente calculado para nosotros.

Puedo suponer que al otro día la mayoría de los que estaban de fiesta la noche anterior en Quiebracanto amanecieron enguayabados o extremadamente cansados como me pasó a mí. Pero esto no fue impedimento para salir corriendo con el desayuno en la mano y así poder alcanzar a ver las películas que habíamos planeado para ese día.

teatro heredia en cartagena

Estando en la sala de cine pueden pasar dos cosas, o la película lo engancha y uno se queda idiotizado viéndola hasta el final o se queda dormido pasando el guayabo o reponiendo las horas de sueño que le quitó el rumbón de la noche anterior. [De las películas que más me engancharon fueron el documental Amazona de Clare Weiskopf y Nicolas Van Hemeiryck, Adios entusiasmo de Vladimir Durán, Señorita Maria: la falda de la montaña de Rubén Mendoza y La soledad de Jorge Thielen Armand …] De la siesta en la película nadie se salva, por momentos me volteaba para ver a los espectadores de la sala y desde directores asistentes hasta estudiantes, cabeceaban aunque sea un par de veces. Hay otros descarados que se duermen en los créditos iniciales del festival previos a la película y se despiertan con el aplauso del público antes del Q&A.

Al salir de las salas de cine equipadas con aire acondicionado más o menos a cinco mil grados bajo cero según mi novia, que inteligentemente llevó un suéter a cada función, uno vuelve a salir al clima caribeño Cartagenero que, sin la brisa marina refrescante sería un lugar inhabitable de lo hirviente que es.

Despedirse de la heroica y volver a Bogotá a retomar su clima y labores fue doloroso, a mi novia y a mi nos dio  tusa* post FICCI de la que debo decir no fue fácil recuperarnos, creo que si hubiéramos podido nos hubiéramos quedado entre la cama compartiendo un pote de helado mientras nos recuperábamos pero la vida sigue y toca levantarse a trabajar y a estudiar. Es duro volver y que tu responsabilidad no sea pasar el día viendo películas, el pronóstico de esta tusa es de cinco días hábiles. El festival de cine más antiguo de Latinoamérica en su versión 57 fue una experiencia refrescante e inspiradora que sin duda repetiría.

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