arquitectura

Si estas paredes hablaran

El pasado y el presente se mezclan en la casa abandonada de Amancio Williams

Escrito por: Rodrigo Barrios
Visuales de: Romina Cordova

“Si sos arquitecta, tenés que conocer la Casa sobre el Arroyo”. Es la tercera vez que Ramiro insiste en concretar la visita. Es el comienzo de una tarde de invierno en Mar del Plata y pasa una brisa fuerte frente al litoral, pero eso no impide que unos cuantos bañistas intrépidos gocen del sol en Playa Grande. Romina y Ramiro, ambos estudiantes de Arquitectura -de Perú y Argentina, respectivamente- pasean frente a los chalets del barrio Los Troncos. Luego de tomar un taxi en la calle Saavedra, Ramiro aprovecha la atención del taxista para criticar la gestión municipal. “Mar del Plata fue alguna vez el balneario más exclusivo y hermoso de Argentina”, comenta mientras el auto pasa por uno de los tantos chalets de estilo suizo de dos pisos con muro de roca en los cimientos y techo rojizo de tejas. “A unas pocas cuadras de acá, en la calle Yrigoyen, estaba uno de los chalets más lindos de la ciudad, el San José, pero lo derribaron para construir un edificio nuevo”, agrega.

Mar de Plata, Argentina

Las protestas de Ramiro se suman a las de muchos otros que temen por la conservación de los barrios más tradicionales. El desarrollo explosivo inmobiliario y la falta de rigidez en la aplicación del Código de Ordenamiento Territorial (COT), han tenido como consecuencia un serio deterioro del patrimonio arquitectónico y urbanístico de la ciudad costera. El resultado no es solo un mayor número de edificios y centros comerciales en áreas históricas, sino también varias viviendas modificadas sin autorización municipal. MDP a + u, una asociación civil local que busca preservar el patrimonio arquitectónico de la ciudad, ha sido muy enfática en revelar los malos manejos en la gestión urbana del Gobierno. “A diferencia de una pintura, una obra arquitectónica -más allá del dominio privado- pertenece a la ciudad, y en resguardo de los valores que representa para la misma, el Municipio no puede estar ausente en su protección”, indica uno de sus dirigentes.

Romina no está de acuerdo con la demolición de las casas en Mar del Plata, es más, valora muchísimo la herencia visual que ha dejado en la ciudad. Mientras el taxi sube por la calle Quintana, ella observa las hileras ordenadas de chalets que se extienden más allá del final de la cuadra.  Ve algunas viviendas deterioradas, con las ventanas parchadas y las fachadas despintadas.  Se imagina con mayor facilidad la época de bonanza, con carros antiguos y gente elegante con sombreros. Luego de unos pocos minutos, el paisaje cambia. Los chalets dan paso a edificios altos, que luego desaparecen para dar paso a su vez a avenidas llenas de vegetación y residencias de pocos pisos. Ramiro presiona la cabeza contra la ventana, ansioso ya porque termine el trayecto. “Para él, veinte minutos es lejos” bromea Romina quien recuerda la hora de camino que debe recorrer en Lima para llegar de su casa a la universidad. Al poco rato, el taxi se detiene frente a un jardín enorme lleno de palmeras. “¡Por fin!” exclama Ramiro emocionado, “la Casa sobre el Arroyo, vamos rápido que cierra”.

Mar de Plata, Argentina Mar de Plata, Argentina

A primera vista, la casa es impactante. Se trata de una edificación cuadrangular alargada que parece levitar encima de lo que hoy es un pequeño arroyo. A ambos lados, la casa cuenta con unas escaleras que funcionan como el soporte de la nave principal, y que además permiten el ingreso a la casa, lo que le da a la obra su nombre alternativo de Casa del Puente. En un inicio, tal vivienda perteneció al desaparecido arquitecto argentino, Amancio Williams, quien la diseñó y construyó para que la habitara su padre, el compositor bonaerense, Alberto Williams. Williams fue uno de los precursores del llamado Movimiento Moderno Argentino, el cual trató de traer la arquitectura modernista europea al país sudamericano. En efecto, en 1949, Williams dirigió el único proyecto del arquitecto suizo Le Corbusier en Argentina, la Casa Curutchet, y gran parte de su estilo se ve reflejado también en la Casa sobre el Arroyo. La fachada libre, es decir, sin columnas o estructuras de soporte, sino solo con ventanas continuas, es una de las muchas características modernistas fácilmente observables en la obra.

Mar de Plata, Argentina

“La casa es perfecta, moderna y simple al mismo tiempo, pero súper bien pensada”, comenta Romina. “Es un ‘edificio en barra’ donde todos los ambientes tienen vista al exterior.” Luego de subir las escaleras e ingresar a la casa, uno se da cuenta que toda la nave principal está dividida longitudinalmente. De un lado, se encuentran todos los ambientes sociales; es decir, las salas, el comedor, la cocina; mientras que del otro, están todas las habitaciones de uso familiar. Entre ambas secciones, existe un espacio central de poco más de un metro, el cual se extiende a lo largo de toda la casa. “Se trata de una especie de columna vertebral, la cual contiene todos los servicios que los ambientes puedan necesitar: armarios, iluminación [una especie de tragaluz], ventilación, etc.”, cuenta Romina mientras replica afanosa el plano de la casa en una servilleta. La concentración de todos estos aplicativos en el centro de la casa permite que los espacios sociales y familiares sean más amplios y limpios. “Por ejemplo, en la sección social, existe solo un gran salón – que alberga donde están la sala, el comedor, y el salón de estar – donde los ambientes se separan por muebles (diseñados por el mismo arquitecto) y no por muros.”

Mar de Plata, Argentina

Sin embargo, los años no han sido generosos con la obra de Williams. Luego de que la familia del arquitecto se deshiciera de la propiedad, esta pasó a albergar una estación de radio, y luego permaneció muchos años abandonada, inclusive sobreviviendo un incendio. En la actualidad, en todos los cuartos las paredes presentan los estragos del vandalismo, pero a pesar de ello, todavía es posible respirar en cada esquina el lujo y la sofisticación de la casa. “Durante años acá se juntaban todos los choros y fumanchines”, explica Pablo, el guardián encargado de vigilar la Casa Museo por las tardes. “Hoy existe algo de dinero para mantener la obra, pero se alquila también para algunos eventos que ayudan a tener mayor presupuesto”, cuenta. Ese día se ha programado en la casa un espectáculo de títeres para niños pequeños, algo que permite explicar con mayor claridad la frágil situación de esta importante obra arquitectónica.

Poco antes de que Romina y Ramiro terminen el recorrido por la casa, un grupo de niños comienza a ingresar por el lado izquierdo junto con sus madres. “Son casi las dos”, advierte Pablo, “terminen ya que comienza el show”. Mientras pasa por el cuarto principal que alguna vez ocupara el mismo Williams, Ramiro critica nuevamente la dejadez del municipio para cuidar obras importantes como esta. “No veo que tengan planes para restaurarla. Deberían tener la casa restaurada con el mobiliario original y mostrar fotos de cuando se encontraba abandonada, no lo contrario”, murmura indignado mientras observa unas fotografías de la Casa del Puente durante su mejor época, las cuales han sido colocadas por la municipalidad junto a la salida. Al lado de estas, se ubica un libro de sugerencias, en el cual Romina observa decenas de dedicatorias de ciudadanos – e inclusive, de arquitectos – con opiniones similares a las de Ramiro, algunos exigiendo una pronta restauración y otros pidiendo perdón sin destinatario por el mal estado de la vivienda. “Yo creo que la decadencia es testimonio de todo lo que ha pasado”, cuenta Romina, quien ve en el deterioro de las paredes la vida del arquitecto Williams, el fin del auge económico de Mar del Plata y hasta las conversaciones en la madrugada de los vagabundos que hicieron de la casa su hogar. “Es chévere porque te paseas y vas reconstruyendo la historia. La gente se queja de que no la restauran, pero si la restauran, es como hacer trampa”, replica.

Con la entrada del nuevo Gobierno, la población se encuentra esperanzada de un nuevo comienzo en la valoración y cuidado del patrimonio histórico del balneario argentino. Una nueva época de crecimiento económico que permita devolverle la grandeza perdida a la Casa del Puente y a los elegantes chalets de Los Troncos. Mientras tanto, la obra seguirá ahí, abierta a todo soñador que decida visitar sus paredes para reconstruir también su propia versión de la historia.

Romina Cordova

Arquitecta en proceso. Toma fotos, viaja, y es feliz tomando fotos cuando viaja. Documenta con dibujos. Sueña con un mega plan urbano-medioambiental que salve el mundo. Se pone de buen humor al bailar, de mal humor en los malls, y roja con facilidad sin razón aparente.

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