Myopia

arte contemporáneo

Pancho García Villavicencio: el artista fantasma

Visitando al artista urbano

Escrito por: Roberto Espinoza
Visuales de: Roberto Espinoza

El bus se detiene en el lugar correcto. Frente a mí, Santa Rosa de Lima esculpida en la pared, rodeada de pseudo-jeroglíficos y ventanas abarrotadas selladas por una cruz. Volteando la esquina, la entrada a un taller de reparaciones que no se dio el tiempo ­—o bien no quiso— quitar esta y otras obras más de su fachada. El lugar parece haberse convertido en parte de una galería reclamada por las calles. Hace calor y no entiendo lo que he visto, pero le tomo una foto y sigo caminando. Tengo que apurarme porque Pancho García me espera en la siguiente cuadra para conversar sobre su más reciente proyecto, Ojo Silvestre, exposición que está por inaugurar junto a Rony Camero en el Club Regatas de Chorrillos.

Escultura de Santa Rosa de Lima esculpida sobre una pared.
El barrio tradicional de Santa Cruz (Roberto Espinoza)

Pancho me recibe con un vaso de agua helada y me hace pasar al cuarto que ocupa en el tradicional barrio de Santa Cruz, el mismo que Ribeyro narra en sus cuentos y que ha pasado de ser un conjunto de calles antiguas y quintas estrechas a una urbanización donde se elevan grandes edificios y establecimientos. Ferreterías, restaurantes, talleres de mecánica, bodegas, hay de todo. A pesar del tumulto, las casas siguen ahí para los que, como él, prefieren guardar intimidad. “No creo necesariamente en decirlo todo, sobretodo en esta época en la que todo está publicado en una página web”, me dice. “Siento necesaria esa intimidad.” Pancho me ha esperado con la radio encendida, escuchando las noticias, siempre pendiente de lo que sucede allá afuera, en las calles. Tampoco es un ermitaño.

A sus 26 años, ha tenido un recorrido poco usual. Luego de pasar por la PUCP y la Escuela de Bellas Artes, decidió que se abocaría a crear sin horarios ni restricciones. Más elaboración y menos floro mediático. Ahora se dedica a aprender en el camino, y ya van un par de años así. Coge sus cosas, sale de día o de noche y busca una nueva pared para intervenir. A veces ni siquiera tiene que ser una pared, sino objetos que ordena de una manera específica. No sabe si llamarle “graffiti” a lo que hace, aunque últimamente ha dejado el spray para reemplazarlo por tierra y agua. “Es una necesidad de tener una real conexión con lo que me rodea” , repite. “Hermanarse”. 

Taller del artista urbano
El taller de Pancho García (archivo del artista)

“La calle es un canalizador de todos estos vómitos que la gente necesita esparcir. La publicidad parametra y adormece, pero este tipo de intervención en espacios públicos hace que la gente pueda ver su ciudad de una manera distinta. Y eso te crea esperanza, un vacío o una pregunta. La cosa es que te toque, porque si pasas tres días seguidos por una calle seguro en algún momento lo vas a tener que notar. Algo te va a decir.”

Gran parte de su obra se encuentra a la vista de todos, en vallas publicitarias y paredes que ha venido interviniendo durante los últimos años en distintas partes de la ciudad. Es fácil adivinar por dónde ha pasado, pues su sello característico lo delata —un trazo sinuoso y continuo que aparece de vez en cuando sobre algún rostro publicitado. Se toma el tiempo de explicarme la importancia del trazo. Es la manera que ha elegido para expresar su carga personal y lo utiliza para librarse de las contradicciones que encuentra entre el ser humano y la naturaleza. “Una línea puede ser muy simple o muy compleja, como el ser humano o la vida misma. Lo único que es natural es la línea que no es recta, pero siempre buscamos ir en contra de la naturaleza.”

Poster de una revista intervenido por el artista
Iráce (Facebook)

Ahora Pancho está por inaugurar una exposición que le permitirá realizar el proceso inverso: trasladar la calle hacia una sala de exhibiciones. Una ocasión ideal para apropiarse de la informalidad de la urbe y vomitarla sobre la escrupulosa galería. Todo con el propósito de promover la observación. “Ojo Silvestre”. Mientras me lo dice, solo pienso en lo difícil que es dejar el celular.

Pancho aclara que no tiene mensajes fijos ni elaboraciones resumibles, y que sus técnicas cambian con el tiempo en una búsqueda constante. “Me encuentro en un estado de observación permanente.” Por eso prefiere descubrir lo que quiere decir en el transcurso del día, cuando sale a dibujar, aunque reconoce que no siempre es fácil hacerlo. En una ocasión fue detenido como parte de una operación montada para un programa de televisión, aunque ya no le jode tanto. Ahora tiene un equipo detrás y está grabando un documental sobre su trabajo. Será la primera vez que su proceso quedará registrado en video, pero aún es reservado con ese material. Me logra enseñar algunos fragmentos, interviniendo las calles del Callao y Chorrillos. No me da más detalles.

Me deja en claro que no cree en el arte como parte de un sistema de consumo: publicidad, espectáculo, entretenimiento. Eso sí le jode. Aunque, por otro lado, cree en la difusión. Desde hace tiempo utiliza facebook e instagram para promocionar su trabajo. En el internet Pancho se transforma en Irace. Sabe que no puede darle la espalda a estas plataformas, pero trata de mantenerse fiel a lo que cree. En las calles, sus obras no llevan firmas. En redes, Irace y Pancho nunca aparecen en el mismo cuarto juntos. Pancho es un fantasma. La idea del artista es un fantasma. La obra viene primero. El contacto con la gente es lo más importante, eso hay que proteger, y no solo por él.

Iráce (Facebook).

Como todo trazo, los de Pancho deberán erosionar y con el tiempo, desaparecer. Lo que no significa que le perdamos el rastro. Sigamos atentos y, por qué no, sentémonos a conversar con él. Caminemos y encontrémoslo más seguido. La otra vez me lo crucé en una pared en la Avenida Del Ejército. Ahí está. A veces errático, a veces llegando a conclusiones certeras. Pancho seguirá observando. ¿Nosotros?

Roberto Espinoza

Músico y escritor peruano.

Roberto Espinoza

Músico y escritor peruano.

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