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El álbum ha muerto, larga vida al álbum

Aprendizajes del 2016 post Grammys, el álbum ya mutó

Escrito por: André Bordarampé
Visuales de: Valeria Maxera

El álbum ha muerto, ¡larga vida al álbum! O algo así. El 2016 fue, según muchos, el año que finalmente sepultó al álbum.  Ahora consumimos nuestra música en Spotify o Apple Music o algún servicio similar, edenes sinfín para una era ADD en la que consumir un disco entero se siente como trabajo de más. Esta liberación de tiempo (y de espacio físico y económico) ha servido para crear una nueva lógica, tanto narrativa como estadística, bajo la cual el fin del álbum puede ser una obvia conclusión. Y sí. Pero también no.

Como muchas de las cosas increíbles de la vida, todo comienza con Beyoncé. Todo este renacimiento del álbum en un 2016 que lo daba por muerto es, en realidad, un proceso que comienza en los últimos días del 2013, cuando, de la nada, Beyoncé apareció en el mundo. El impacto de ese disco visual, uno que merece ser mencionado junto a los Sgt. Pepper’s y Bringing It All Back Home del mundo cuando hablamos de los que lograron cambiar el rumbo de su arte, es difícil de exagerar. Si nos demoramos un poco en sentirlo es sólo porque Beyoncé, para variar, está un par de años adelantada a nosotros los mortales.

Estrenado sin promoción alguna en medio de la noche, Beyoncé cambió las reglas del juego. Las 14 canciones y 17 videos que lo conforman desafiaban la noción del típico lanzamiento de una estrella pop de su nivel, en el que meses de marketing, con dos o tres singles anticipados, servían como la norma aceptada para alertarle al mundo del producto por venir. Beyoncé simplemente llegó y nos retó a estar ahí para ella. ¿Y qué más íbamos a hacer? Esa noche fue una fiesta en Twitter. Durante la primera semana en la que el disco fue exclusivo a iTunes, récords fueron rotos. La recepción de la crítica fue excelente, aún cuando la mayoría ya había publicado sus listas de lo mejor del año. El Harvard Business School tuvo que usarla como un estudio de caso para entender lo que hizo. Como escribió Rob Sheffield, todo fue una celebración de la “filosofía Beyoncé, que básicamente se reduce a que Beyoncé puede hacer lo que quiera”.

Pero lo cool de Beyoncé es que retó al resto a hacer lo que ellos quieran, también. Ella demostró que todas las nuevas avenidas que han surgido como máximas plataformas para el single no matan al álbum, sino que lo dejan libre para ser algo nuevo. Desatado de esa responsabilidad de nutrir a la radio con hits, el formato ahora podía ser algo más; una obra coherente y personal, algo sofisticado o totalmente crudo, una oportunidad para jugar y experimentar. Y el 2016 fue el primer año en el que su impacto realmente se sintió, con casi todos los artistas que están al nivel de Beyoncé dándonos su versión de ese nuevo estilo de álbum.

Discos en perpetua mutaciónMixtapes gratuitos (pero apoyados por la entidad corporativa más grande que hay) que obligan a los Grammy a cambiar sus reglas. Álbumes como proyectos personales de carpintería. Todos parte de un cambio que no está cambiando las cosas sólo por cambiarlas, sino que genuinamente está inyectándole nueva vida a un formato que tantos daban por hecho.

Todo eso en un año que -no nos cansamos de decir- fue el peor de todos por la variedad más jodida de razones. Y hasta en la música se sintió, con Prince y Bowie y Phife Dawg y Leonard Cohen y, al final, George Michael dejándonos, entre otros. Pero en medio de toda esa mierda, los músicos (incluyendo a algunos de esa triste lista) fueron los que seguían adelante, de alguna manera ofreciendo esperanza. No hay que ser brillante para saber que un año con música nueva de Bowie, Radiohead, Kanye, Frank, Bon Iver y las dos hermanas Knowles es una de esas tormentas perfectas que va a ser difícil volver a ver.

Sólo observen los momentos individuales. Fue el año en el que Bowie nos regaló Blackstar el día de su cumpleaños en enero y, con su muerte dos días después, cargó sus contenidos de un nuevo y obvio significado. Semanas después, Tidal filtró antes de tiempo el primer disco coherente de Rihanna, demostrando que lo artísticamente osado no es exclusivo de lo masivamente popular. Diciendo, “Okay ladies now let’s get in formation”, Beyoncé le robó el Super Bowl a Coldplay en febrero y luego, en abril, explicó ese video del ascensor con su segundo álbum visual, esta vez transmitido por HBO.

Kanye estrenó The Life of Pablo en Madison Square Garden junto a su tercera colección de ropa para Adidas, pero el disco siguió mutando días y meses después. Prince demostró que a veces nieva en abril y me hizo suscribirme a Tidal. Después de darnos el verso del año en Pablo, Chance the Rapper se consolidó con Coloring Book, un mixtape que salió cuatro días después que A Moon Shaped Pool, el décimo álbum de Radiohead. Frank Ocean jugó con mis horas de sueño, terminando la infinita espera por su segundo disco con la genial rareza que es Endless, un disco visual que poco después nos quedó claro fue hecho solo para cumplir su contrato con Def Jam, entregándonos Blonde un día después.

Bon Iver regresó con 22, A Million, el álbum al que creo vamos a poder señalar como punto de inflexión cuando se conviertan en el Grateful Dead de su generación. Trump venció y, tres días después, A Tribe Called Quest nos dio su primer disco en 18 años, el mejor antídoto posible ante toda la locura. Dylan ganó un Nobel. Anderson .Paak dominó el año a punta de talento y carisma. Desiigner hizo que su chiste lo haga una estrella. Rae Sremmurd demostraron que lo suyo no era un chiste. Y The Chainsmokers y 7 Years de Lukas Graham estuvieron ahí, jodiendo, como para recordarnos que no todo es perfecto en esta vida.

El álbum habrá muerto, pero igual está más vivo que nunca. Que el Global Top 50 de Spotify y sus derivados sean nuestro nuevo punto de partida es lo mejor que ha podido pasar. Es lo que obliga el cambio a esto tan raro y rico que tenemos ahora. A álbumes que parecen collages o moodboards más que otra cosa. O que a veces no parecen nada en absoluto. En un año jodido en tantos aspectos, la música del 2016 se puso la camiseta, con sus creadores haciendo de comentaristas y pastores y activistas y lo que sea que ofrezca algún tipo de guía.

Y dudo que eso pare en el 2017. La tristeza, al menos, va a seguir ahí (la muertes célebres del 2016 fueron particularmente duras, pero que cada día hayan más famosos significa que cada día más van a morir), así que tributos y playlists en homenaje vamos a tener para recordar la genialidad del pasado. Y nuevos discos de St. Vincent y Haim y Arcade Fire y LCD Soundsystem van a definir la del futuro. Álbumes que va a seguir estos pasos bizarros más allá de la tumba en la que tantos lo enterraron. Lo que va a pasar en un futuro con el formato es algo que no puedo predecir, aunque supongo que para saberlo solo hay que ver qué hace Beyoncé.

Y ahora, como para alimentar el ego, estos son mis 50 discos favoritos del 2016. Recomendados todos. Y recomiéndenme algunos a mí, pues.

  1. Blonde – Frank Ocean
  2. The Life of Pablo – Kanye West
  3. A Seat at the Table – Solange
  4. A Moon Shaped Pool – Radiohead
  5. Coloring Book – Chance the Rapper
  6. Blackstar – David Bowie
  7. Freetown Sound – Blood Orange
  8. We Got It from Here… Thank You 4 Your Service – A Tribe Called Quest
  9. “Awaken, My Love!” – Childish Gambino
  10. Lemonade – Beyoncé
  11. My Woman – Angel Olsen
  12. 22, A Million – Bon Iver
  13. untitled unmastered. – Kendrick Lamar
  14. Malibu – Anderson .Paak
  15. Next Thing – Frankie Cosmos
  16. Leave Me Alone – Hinds
  17. 99.9% – Kaytranada
  18. Teens of Denial – Car Seat Headrest
  19. Telefone – Noname
  20. Emily’s D+Evolution – Esperanza Spalding
  21. You Want It Darker – Leonard Cohen
  22. Paradise – White Lung
  23. Adore Life – Savages
  24. The Colour in Anything – James Blake
  25. Light Upon the Lake – Whitney
  26. Run the Jewels 3 – Run the Jewels
  27. Sept. 5th – dvsn
  28. Wildflower – The Avalanches
  29. Puberty 2 – Mitski
  30. Yes Lawd! – NxWorries
  31. Human Performance – Parquet Courts
  32. Atrocity Exhibition – Danny Brown
  33. Blisters in the Pit of My Heart – Martha
  34. Sirens – Nicolas Jaar
  35. Oh No – Jessy Lanza
  36. Prima Donna – Vince Staples
  37. Holy Ghost – Modern Baseball
  38. I Had a Dream That You Were Mine – Hamilton Leithauser + Rostam
  39. Anti – Rihanna
  40. We Move – James Vincent McMorrow
  41. Blood Bitch – Jenny Hval
  42. Front Row Seat to Earth – Weyes Blood
  43. A Sailor’s Guide to Earth – Sturgill Simpson
  44. A Good Night in the Ghetto – Kamaiyah
  45. Mind of Mine – Zayn
  46. Fio da Memória – Luisa Maita
  47. Midwest Farmer’s Daughter – Margo Price
  48. Varmints – Anna Meredith
  49. Camp Cope – Camp Cope
  50. Masterpiece – Big Thief

¿tienes pinta de que te gusta ver las cosas de cerca?

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